Guía ilustrada sobre DIVERsidad y disCAPACIDAD
Aquí tenemos un album ilustrado sobre la DIVERCAPACIDADES
Carlota " El pastel de May"
El pastel de May
En un pastelería se encuentra May una niña de 11 años, esperando su turno para comprar un pastel. May es una niña rubia con una melena muy larga. tiene los ojos enormes de color azul y una mirada bastante alegre. Es una niña extrovertida, a la que le gusta investigar y hacer cosas nuevas. Suele llevar vestidos playeros con su melena suelta.
Mientras
esperaba pensó:
-" Para que voy a comprar un pastel si
puedo hacer yo uno". Se fue a su casa y en la cocina se uso a preparar un
pastel. Cogió todo lo necesario: harina, azúcar, huevos... Hizo la masa, pero
necesitaba un molde para meterla. Se dio cuenta de que os moldes estaban e el
armario arriba del todo. Cogió un taburete e intentó cogerlo, pero el taburete
se movió y ella se cayó, haciéndose mucho daño en la espalda.
May se puso triste por no poder
hacer el pastel, pero aún así, se dio cuenta de que no puede hacer esas cosas
cuando está sola en casa.
Julia "Alejandro, el campeón"
ALEJANDRO, EL CAMPEÓN
Había hace muchos años, un niño
moreno y alto, de ojos de color caramelo que vestía con un chándal azul clarito
con rayas blancas en el pantalón y unas deportivas blancas. Su deporte favorito
es el karate pero tenía un problema, no podía ir a las clases por vivir lejos,
estaba triste pero pensó que así no solucionaba el problema y se fue a dar una vuelta
en bici. Cuando pasó por delante de la casa de su vecino David paro y:
-
Buenas tardes – dijo Alejandro.
-
Buenas tardes, ¿tienes mucho que hacer? – contesto David.
-
No – respondió Alejandro.
-
Si me ayudas a segar el jardín te doy un euro a cambio
– le propuso David.
-
Sí, claro – acepto Alejandro.
Y así lo hizo Alejandro, pensando que
podía ganar dinero para pagar el autobús que le llevaría a sus clases de
karate. Alejandro fue a su casa y pintó unos carteles donde ponía “Ayudo a
quien lo necesite, llamar al siguiente número, económico 000000000” y los pegó
por todo su barrio. Tenía un reto, conseguir 10 euros para el autobús.
Al día siguiente, le llamó su
vecina de enfrente y le pidió que le colocara el garaje. Le dio dos euros, y
más el euro del otro día ya tenía tres euros. Dos días después le llamo el
frutero y le dijo que con la bicicleta podría repartir la fruta por todo el
barrio. Alejandro dijo que sí a la propuesta y fue repartiendo a la guardería,
para el tentempié de los pequeños, al restaurante, para el postre y a la vecina
mayor que vivé dos calles más lejos de la frutería. Cuando terminó, el frutero
le dio cinco euros, por lo que ya tenía ocho euros en total. Y así siguió hasta
que consiguió los 10 euros.
Llegó a casa y le contó a su madre
lo que había conseguido trabajando durante toda la semana. Su madre, contenta,
le saco el bono del autobús, así Alejandro podría ir a las clases de karate.
Con ganas y esfuerzo se consigue
todo.
Julia Bartolomé
Cantia "La poción"
LA POCIÓN
Érase una vez una
joven, llamada Marta. Era una chica con el pelo largo y rubio. Además, es
delgada y ágil. Es simpática y divertida, aunque a veces algo competitiva.
Suele llevar un pantalón cómodo de color azul, una camiseta blanca y un
sombrero de cowboy. A Marta le gustan las aventaras, montar a caballo y
sobretodo apuntarse a concursos.
Pasando por la calle, Marta vió un cartel en el que ponía
“¡Atrévanse a comer cien tortillas en dos horas!”. Marta pensó que sería
divertido, así que apuntó su nombre en el cartel. Ella quería ganar, y para
asegurarse de que sería así, partió hacia la casa del mago más famoso de su
pueblo, conocido como Zanaus, ¿y sabéis en qué estaba pensando Marta?, pues
fácil, en pedirle a Zanaus una poción con la que comieses lo que comieses,
nunca te llenases.
Llegó el día del concurso. Todos los concursantes eran muy
obsesos (por lo cual no tendrían problemas), pero Marta no tenía miedo a
competir. Rápidamente se tomó la poción y se sentó en la mesa, donde delante de
ella estaban las cien tortillas. Acababan las dos horas y solo Marta se acabó
todo, pero… ¡qué la estaba pasando! Tenía tanta hambre que se empezó a comer
todo, porque no había comida nada desde hace 4 horas. El mago que estaba allí,
corrió a su casa a por una poción que parase todo esto. Volvió, busco a Marta y
le dio la poción para que se la tomase. Marta se llenó y paró de comer.
Es importante jugar limpio para que te tomen en serio.
Cantia Fernández
Jorge "Turismundo"
El gallo TURISMUNDO
Un día nublado y caluroso el
gallo Turismundo se marchó de su gallinero y fue a explorar el mundo. Es un
gallo joven, fuerte, de gran estatura superando los 50 cm y los 4 kg de peso.
Tiene una gran cresta en la cabeza y unos lóbulos todo muy rojo, que cuelgan a
ambos lados del pico. Su pico es fino y robusto y sus ojos son azules. Su
cacareo es gritón, largo y agudo. La cola está compuesta por plumas negras y
marrones con reflejos azul azabache, púrpura y verde. Va descalzo, no lleva
sandalias.
Turismundo es simpático, charlatán, no calla ni debajo del
agua. Es listo porque siempre sabe donde hay comida. Es bastante tímido y
vergonzoso con la gente que no conoce. La gusta despertar a todos al alba. La
encanta el fútbol; cuando vivía con su amo, solía arreglárselas para ver todos
los partidos con su amo. Ambos tenían el sueño de ir a ver en directo la final
del mundial juntos.
Tiempo después pudieron vivir su sueño cuando se encontraron
en Roma y consiguieron entrar al campo de fútbol. Había muchísima gente que
gritaba sin parar porque el partido estaba muy emocionante. El árbitro estaba a
punto de pitar el final del partido con el marcador igualado. Fue entonces
cuando ocurrió.
La señora de detrás gritó y a Turismundo se asustó tanto que
aterrizó en el campo de juego. El árbitro paró el partido por invasión de
campo. el personal de seguridad intentó atraparlo. Turismundo regateaba a
todos. El tiempo fue pasando...
Pasaron 15 minutos, media hora, 45 minutos y seguían sin
atraparlo. Cuando estaba acorralado por 7 personas y parecía que no tenía
escapatoria se fijó que su amo estaba en la grada justo encima suyo. Eran sólo
3 metros, pero los gallos no vuelan tanto. Uno de los siete se lanzó sobre él.
Turismundo le esquivó subiéndose en su cabeza. Se dio impulso lo que le
permitió llegar a los brazos de su amo que le escondió debajo de su chaqueta.
Turismundo regresó al gallinero dormido y agotado. Cuando despertó le contó a
las gallinas su gran aventura y sus ganas de ir a ver otro partido.
¡Fue
feliz y comió maíz!
Carla "Juanita"
JUANITA
Juanita tenía 12 años y estudiaba en el colegio
“Sagrado Corazón d su
ciudad, Alicante.
No era muy guapa, tenía los ojos marrones y rojizos por
la iluminación del Sol
en aquel maravilloso día; una
nariz alargada porque decía muchas
mentirijillas; unos mofletes gorditos y labios finos. Sus dientes eran
amarillentos porque rara vez se los lavaba. Su cuerpo era menudo y rechoncho.
Juanita era muy sensible. Si veía
a alguien llorar, ella también
lloraba porque la daba pena esa persona, la conociera o no. Era nerviosa, muy
nerviosa, antes de cada examen vomitaba. Cuando se enfadaba tenía muy mal humor porque todas las
bromas que la gastaban se las tomaba mal.
Siempre vestía con una vieja camiseta azul, unos
pantalones vaqueros y sus inseparables gafas, sin las que no veía nada bien. La encantaba n las
piruletas, por eso siempre llevaba unas cuantas en su maravilloso bolso de los
chinos de 10 euros.
La tarde no había empezado muy bien, porque antes
de llegar a su sitio favorito para pescar, había pisado una enorme caca de vaca. Después de un buen rato limpiando sus
botas, se sentó a la
orilla y tiró la caña.
Durante los primeros minutos solo
se acercaban los peces pequeñitos.
Pero ella no quería esos. E
lla
quería un pez
mayor para que su madre pudiese cocinarle para la cena.
Entonces
fue cuando vio una enorme trucha cruzar delante de sus ojos.
Quería pescarla
y quería hacerlo rápido. Por eso se cambió de sitio varias veces, pero parecía que el pez era más listo que ella y siempre se
escapaba.
Cuando llevaba media hora detrás de él ya estaba
muy enfadada y decidió subirse a
una especia de roca y probar desde allí. Era peligroso
pero ella quería pescar
aquella trucha. Tiró la caña, parecía que ya la tenía pero de repente se movió y se calló al río de una forma muy rara. En su caída pegada a la piedra se rompió sus pantalones y raspó sus piernas.
Cuando salió del rió temblaba de frío, le dolían y sangraban las heridas y decidió irse para su casa.
Juanita ese día aprendió que no siempre se consigue lo que
uno quiere, a veces hay que conformarse
con las cosas más sencillas.
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