JUANITA
Juanita tenía 12 años y estudiaba en el colegio
“Sagrado Corazón d su
ciudad, Alicante.
No era muy guapa, tenía los ojos marrones y rojizos por
la iluminación del Sol
en aquel maravilloso día; una
nariz alargada porque decía muchas
mentirijillas; unos mofletes gorditos y labios finos. Sus dientes eran
amarillentos porque rara vez se los lavaba. Su cuerpo era menudo y rechoncho.
Juanita era muy sensible. Si veía
a alguien llorar, ella también
lloraba porque la daba pena esa persona, la conociera o no. Era nerviosa, muy
nerviosa, antes de cada examen vomitaba. Cuando se enfadaba tenía muy mal humor porque todas las
bromas que la gastaban se las tomaba mal.
Siempre vestía con una vieja camiseta azul, unos
pantalones vaqueros y sus inseparables gafas, sin las que no veía nada bien. La encantaba n las
piruletas, por eso siempre llevaba unas cuantas en su maravilloso bolso de los
chinos de 10 euros.
La tarde no había empezado muy bien, porque antes
de llegar a su sitio favorito para pescar, había pisado una enorme caca de vaca. Después de un buen rato limpiando sus
botas, se sentó a la
orilla y tiró la caña.
Durante los primeros minutos solo
se acercaban los peces pequeñitos.
Pero ella no quería esos. E
lla
quería un pez
mayor para que su madre pudiese cocinarle para la cena.
Entonces
fue cuando vio una enorme trucha cruzar delante de sus ojos.
Quería pescarla
y quería hacerlo rápido. Por eso se cambió de sitio varias veces, pero parecía que el pez era más listo que ella y siempre se
escapaba.
Cuando llevaba media hora detrás de él ya estaba
muy enfadada y decidió subirse a
una especia de roca y probar desde allí. Era peligroso
pero ella quería pescar
aquella trucha. Tiró la caña, parecía que ya la tenía pero de repente se movió y se calló al río de una forma muy rara. En su caída pegada a la piedra se rompió sus pantalones y raspó sus piernas.
Cuando salió del rió temblaba de frío, le dolían y sangraban las heridas y decidió irse para su casa.
Juanita ese día aprendió que no siempre se consigue lo que
uno quiere, a veces hay que conformarse
con las cosas más sencillas.

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